
ChorizoPuro cerdo
El clásico de parrilla, 100% puro cerdo. Sin relleno ni agregados: el que sostiene la carta cuando el cliente pide sin pensar.
- Parrilla
- Choripán
- Picada
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Elaboración propia, 100% puro cerdo. Desde los clásicos criollos hasta especialidades que no conseguís en cualquier lado.

El clásico de parrilla, 100% puro cerdo. Sin relleno ni agregados: el que sostiene la carta cuando el cliente pide sin pensar.

Picado más grueso y sabor especiado con ají y orégano. Se nota en la textura apenas lo cortás.

Mezclado con queso parmesano, especias y vino blanco. Uno de los que más rota cuando el cliente quiere algo distinto.

El más intenso de la línea: verdeo, morrón y parmesano. Para el que ya probó todos los demás.

Con morrón en la pasta. Color y dulzor que equilibran el condimento.

Criollo de línea, pensado para volumen de mostrador sin resignar el condimento.

La versión reforzada del criollo, con más proporción de magro.

La opción de línea para mostrador de alta rotación. Mismo formato de parrilla de siempre, pensado para que te cierre el costo por kilo cuando el volumen manda.

El estragón le da un perfil herbal que no vas a encontrar en un criollo. Es el que sorprende cuando el cliente cree que ya probó todos los chorizos.

Presentación por ristra de trece unidades, pensada para reponer mostrador sin fraccionar. Mismo chorizo de siempre, en el formato que te ordena la cámara.

La de siempre, la que no puede faltar en la parrillada para dos.

En formato rosca, de una sola pieza continua. Va entera a la parrilla y se corta recién en la tabla, así no pierde nada por el camino.

Con nuez y pasa de uva. Más dulce y más cremosa que la criolla: es la morcilla que un restaurante pone en la carta con nombre propio.

La misma receta con nuez y pasa de uva, elaborada sin sangre: color claro y sabor más suave. En una tabla, al lado de la negra, es la que se lleva las preguntas.

El caballito de batalla de la casa: gruesa, jugosa y 100% puro cerdo, para ir derecho a la parrilla o a la plancha. La que más rota en mostrador y la que convierte al pancho casero en otra cosa.

La parrillera con queso parmesano en la pasta: se funde con el calor y la deja más untuosa. Es la vuelta de tuerca para una carta de embutidos.

Emulsionada, de textura fina y piel tierna. La del pancho de rotisería y la que va a la plancha sin abrirse.

Salchicha mini para picadas: un bocado, lista para servir con palillo. La que no falla en mesa de copetín y en catering.

Es nuestra salchicha parrillera en formato copetín: la misma pasta, en tamaño de un bocado. Sale a la parrilla o a la plancha y se sirve entera.

Ahumada en planta. La que levanta cualquier hamburguesa, provoleta o guarnición.

Curada en sal, sin ahumar. Base de cocina y de parrilla.
Cortes frescos despostados en planta. Envasados y listos para mostrador o cocina.

El corte que hace famoso al sanguchero de la Costanera. Infalible al horno, a la parrilla y en sándwich.

La capa entre el cuero y las costillas. A la pizza genera más peleas por la última porción que cualquier herencia familiar.

Costillar de cerdo. El corte que más creció en carta de restaurante en los últimos años.

Con hueso y su tapa de grasa, que es justo lo que lo mantiene jugoso. Horno lento o parrilla a fuego bajo, y termina desprendiéndose solo.

El lomo con hueso, de donde salen las chuletas. Entero para horno, o cortado en porciones parejas para mostrador y plancha.

Corte de porción, rápido de plancha. Rinde y sale a la mitad que uno de vaca.

El corte más magro y tierno del cerdo. Para plato de restaurante.
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